miércoles, 20 de octubre de 2010

Para sus Amados, Jesús es desde ya su refinador


Para sus Amados, Jesús es desde ya su refinador

¿Y quién podrá soportar el tiempo de su venida? ¿o quién
podrá estar en pie cuando él se manifieste? Porque él es
como fuego purificador, y como jabón de lavadores.
Malaquias 3:2

Su Primera venida se efectuó sin pompa ni ostentación de poder, sin embargo eran pocos los que en realidad pudieron soportar siquiera el experimento de su potencia.

Herodes y Jerusalén con el se turbaron ante las noticias del admirable nacimiento. Los que suponían que lo esperaban fueron justo lo que los que rechazaron, demostrando asi la falacia de lo que profesaban ser.

Cristo cuando estaba sobre la tierra puso a prueba (como lo hace un aventador) al gran montón de profesiones religiosas, y muy pocas pudieron soportar esa prueba. Pero ¿Qué será de su segunda venida? El herirá la tierra con vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matara al impío. Si cuando estaba en su humillación, con solo decir a los soldados: YO SOY, estos cayeron a tierra ¿Cuál será el horror de sus enemigos cuando El se manifieste plenamente como el Yo Soy?

Si cuando Murió tembló la tierra y se obscureció el cielo ¿Cuál será el terrible esplendor de aquel día cuando el viviente Salvador reuna delante de El a los vivos y a los muertos?

¡Oh! Que los terrores del Señor persuadan a los hombres a dejar sus pecados y a besar al Hijo para que no se enoje. Aunque El es El Cordero, es también el león de la tribu de juda, que despedaza a la presa; y aunque no quiebre la caña cascada, quebrara , empero a sus enemigos con vara de hierro, y los desmenuzara como vasos de alfarero.

Ninguno de sus enemigos podrá parar ante la furia de su ira o esconderse de su terrible indignación. Pero sus amados lavados por su sangre, esperan su venida con gozo y esperanza y la reciben sin temor.

Para ellos Jesús es desde ya su refinador y cuando El los haya probado saldrán como el oro. Examinemonos a nosotros mismos esta mañana, y hagamos firme nuestra vocación y elección, de modo que la venida del Señor no nos cause presentimientos tristes.

Fuente: C.H Spurgeon
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